FOTOS l Brujería en Chile: El odio une a las razas

FOTOS l Brujería en Chile: El odio une a las razas

A estas alturas, hablar de la conexión entre Brujería y los headbangers chilenos, puede parecer redundante por miles de razones conocidas y por haber. No quita en lo absoluto apreciar la condición de local con que Juan Brujo y su ejército de greñudos despliegan su espectáculo, donde el desmadre está garantizado y la música extrema se impone como valor más allá de lo meramente “musical”. Puede que, para los escépticos, la celebración del clásico Raza Odiada (1995) sea un pretexto “comercial”, pero para quienes crecimos con este álbum desde más de un cuarto de siglo durante los tiempos de colegio, la liturgia era obligatoria.

En el marco de su gira por Chile -por cierto, bastante accidentada-, la alta convocatoria era esperable y más aún para quienes sabemos cuán importante fue la Opus del ’95 para el desarrollo del Metal Extremo a nivel mundial y, sobretodo, latinoamericano. Si el nombre de México está en boca de todo amante del estilo, fue porque Brujería nos refregó en la cara el lado más nefasto de un país donde el narcotráfico, la corrupción y el racismo conforman un paisaje tan infernal, como inspirador para esta música cuyos límites sólo se rigen por el volumen.

Por supuesto, la nueva visita de los mexicanos sirvió también de vitrina para apreciar el nivel de la actual camada local, partiendo por Keeping It Real y su hardcore-punk de alta factura. A la hora, abriendo fuego con todo y probando la solidez de su sonido lodoso. “It’s Not Game”, “ Manteniendo lo Real” y “Error”, todas en vivo te dan una idea de las intenciones de un combo que no necesita moverse de un lado a otro del escenario para generar el 1er baño de sangre. Haciendo honor a su nombre, se muestran y permanecen como son. Es lo que obtienes, es lo que llevas… y es lo que deja en la lona sin que te pregunten.

No  podemos hablar de The Noise Bastards sin expresar el delite que nos genera a quienes de verdad amamos esta música. Desde Arica, y con la metralla implacable de Brutal Truth y Misery Index en su ADN, fue cosa de llegar y demostrar porqué es uno de los nombres más cotizados cuando se habla de música extrema como valor institucional. No solo hablamos de lo que respecta a la música, sino de los misiles con que apunta y le da al status quo. “Ladrones”, “Policía Corrupta”, “Hijos de la Avaricia”… Música para gente enojada, el ruido como estilo de vida y discurso frontal ante la injusticia.

La jornada avanza y nos encontramos con Gordom, agrupación cultora de un crossover-thrash de aliento vengativo. Velocidad y peso hermanados en un sentimiento de revancha con que la centrífuga humana arranca como respuesta natural. Con su LP “Colapso Global” bajo el brazo, es fijo demostrarlo en un escenario como el Cariola es un asunto de oficio y experiencia. Y es que cuando tienes bombazos de la talla de “Por un demonio”, “Declaración de guerra” y el track que titula el álbum, el efecto devastador llega a abrumar. Sin duda, el fiel reflejo de una jornada memorable para la música extrema en el plano local, y más aún donde queda claro que esto no es cosa de géneros, sino de lo que sale del estómago, lo que se siente con las pelotas.

Coronando el desfile de la armada nacional, Traumatic Noise nos “explica” el origen de su nombre mediante una batería de Death Metal de rasgos insanos y con la experticia técnica necesaria para barrer con todo lo que se encuentre a su paso. Originarios de Rancagua, y aprovechando que el recinto de calle San Diego ya estaba bordeando el lleno para el acto principal, la masacre sonora supera la metáfora ante tamaña jerarquía. Parafraseando su debut en grande, sería corto en hablar de ”brutal death metal” en un conjunto que cumple al sumergir a las masas en el abismo de la estupidez humana. De esas cosas que a uno, en buen chileno,, lo tienen “pelando el cable” respecto a l nivel con que lo extremo prevalece con sus principios. Nada que hacer cuando el ruido provoca en la salud un estado catatónico, mientras no hay terapia que valga para reponernos de todo esto, incluso si la frustración es más fuerte.

Puntual, con el reloj marcando las 21:30, la intro de “Raza Odiada (Pito Wilson)” nos pone en alerta para el nuevo desmadre en la capital. Juan Brujo es el patrón, secundado por El Sangrón y, en esta ocasión, el entrañable Pinche Peach, este último robándose las miradas por la teatralidad con que Brujería expone sus credenciales a nivel de espectáculo. Un show tanto en el escenario, como en el público sumergido en la locura misma. ¡Cómo no, si es Brujería!

De corrido, con apenas un par de segundos para aleonar a los fans y desplegando toda la artillería, el repaso de “Raza Odiada” corrobora muchas cosas, partiendo por la vigencia de un estilo que no necesita recurrir a la nostalgia para echar todo abajo. Todo lo contrario, el culto a Brujería y toda su imaginería “narco-satánica” se mantiene a prueba de todo mientras desfilan “Colas de Rata”, “Hechando Chingazos”, “La Migra”, “Consejos Narcos”, “Almas de Venta” y “La Ley de Plomo”. ¿Alguien se habrá dado cuenta de que Raza Odiada es prácticamente un “grandes éxitos” de la música extrema de los ’90? No se explica de otra forma la manera en que la gente corea las letras cual himnos de vida… y de muerte.

Por destacar algunas imágenes a enmarcar, qué más glorioso que ver a El Sangrón recibir unos porros y pegarse una fumada en “Consejos Narcos”, una muestra de cariño y devoción por parte de quienes profesan su fanatismo por Brujería como debe ser. O el histrionismo de Pinche Peach, el arma secreta del combo desde los tiempos fundacionales, entregado 1000% a su labor de intérprete y maestro de ceremonias en este nuevo encuentro de ritmos satánicos. Ambos con Juan Brujo al frente, cantando y gritando en un estado de locura propio de quien entrega su alma a los ritos más oscuros.

No podemos omitir la labor instrumental de quienes hacen posible esta paliza sónica en el escenario, partiendo por Hongo Jr (Nick Barker) y El Cynico (“un tal” Jeff Walker), ambos conformando una base rítmica de miedo. O a nuestro Anto Reisenegger, El Criminal, cuya labor en guitarra reproduce con toda la fidelidad del mundo la calidad del sonido original en estudio, lo que nos habla absolutamente de su compromiso inquebrantable durante más de tres décadas de carrera. A estas alturas, puede estar demás hablar de lo que vale un currículum, pero es inevitable cuando uno de los nuestros comparte música y escenario con otros cracks de nivel mundial.

Tras la pasada por Raza Odiada, una balacera de éxitos de los 2000 en adelante, donde “Brujerizmo”, “El desmadre”, “Marcha de Odio” y “División del norte” caen y zumban al punto de acribillar a cualquiera que trate de interponerse en el camino. Y esa es la gracia de Brujería como institución, donde las balas no discriminan ningún parámetro, ni siquiera si te gusta o no esta música. Por cierto, increíble y notable que “Satongo”, de su más reciente Pocho Aztlan (2016), expanda su bestialidad en vivo a la altura de los clásicos. Brujería no solamente es todo lo descrito anteriormente, sino que cuando hay un tema de jerarquía, se nota a kilómetros.

El final con “Matando Güeros” (ojalá se la jueguen por repasar su debut del ’93 la próxima visita), y la joda final con la infaltable “Marijuana”, nos deja satisfechos hasta el sudor. Y no puede ser de otra forma cuando la raza se une en torno al odio y se libera hasta echar todo abajo. Que vuelvan cuando les guste, acá los ritmos satánicos son bienvenidos y tienen la localía garantizada. No olvidar lo que nos distingue y fortalece a Latinoamérica como raza: el odio como punto de unión.

Fotografías: Boris Burgueño
Texto: Claudio Miranda

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