Reseña: The New Abnormal, dejemos ir a los Strokes de los 2000

Reseña: The New Abnormal, dejemos ir a los Strokes de los 2000

Siete años de espera para un nuevo LP de The Strokes parecieron una eternidad, sobre todo considerando la ansiedad que provoca toda el agua que ha pasado bajo el puente en la historia del quinteto neoyorquino.

Tras algunos años de grabaciones y presentaciones en la Gran Manzana, The Strokes lanza, en 2001, su primer álbum, “Is This It”… ¿El resultado? ¡Glorioso! La crítica los catalogó como “los salvadores del rock”, un título que podría llegar a hacer más mal que bien.

Tras la impresionante recepción que tuvo Is This It, la banda pareció ir en una continua y cada vez más profunda decadencia, y es que cada disco siguiente fue peor recibido que el anterior, tocando fondo, para muchos, en “Comedown Machine”, LP lanzado el año 2013.

En aquel intertanto son varias las problemáticas que se desarrollan en paralelo y que hacen a muchos hablar de decadencia. Las pugnas de poder por el control creativo, el alcoholismo de Julian Casablancas y las mentes concentradas en otros proyectos fueron, poco a poco, decantando hasta llegar a un punto que, objetivamente, olía a declive, ¡y es que ni siquiera le hicieron una gira promocional a “Comedown Machine”!

Tras años de silencio discográfico desde ese entonces, siete para ser exactos, interrumpidos solo por un EP (Future, Present, Past), The Strokes lanzó este año su sexto álbum de larga duración, “The New Abnormal”.

El sonido de The New Abnormal

Como fanático de The Strokes desde mi época escolar, es difícil realizar un análisis objetivo, limitándome a la música, porque creo firmemente que el real valor de “The New Abnormal” es sentimental, no por nostalgia, sino que por reivindicación… Pero comencemos por el sonido.

Spoiler: el disco me pareció fantástico. Lo puse por primera vez, ansioso, sabiendo que estaba frente a dos posibilidades. La primera era que me encantara y volviera saltar y gritar mentalmente al son de algún tema tipo “The Modern Age”. La segunda era quedar con la misma sensación que había quedado los últimos años: “mmm… está bien”.

Comienza a sonar la primera canción, “The Adults Talking”, y mi reacción es “me gusta”. Trae sonidos nuevos, me gusta el bombo tipo bass drum que utilizan, pero usa recursos similares al Comedown Machine, la progresión de acordes inicial es la misma que “One Way Trigger”, track del LP anterior.

Sigo en mi viaje y suenan los arpegios de “Selfless”, el segundo tema del disco. También me gusta, no a un nivel eufórico, pero la distorsión de la guitarra de Albert Hammond Jr. me traspasa y el falsete de Julian Casablancas me absorbe… Un detalle, también es un recurso que ya venía utilizando desde hace algún tiempo.

Sigue la reproducción y me topo con sonidos nuevos, como el sintetizador de “Brooklyn Bridge”. Pasa a la siguiente canción, “Bad Decisions”. Esta última me recuerda más al Is This It, al Room on Fire o  al First Impressions Of Earth.

El momento en que realmente me inserté en el disco fue cuando comienza a sonar “Eternal Summer”, una canción espectacularmente lograda que mezcla algunos de los sonidos garage clásicos de The Strokes con una propuesta mucho más ochentera, unos quiebres brutales… Pero, esa mezcla ya se las había escuchado antes, en Comedown Machine.

At the Door, el sexto track, es un caso aparte. Con unas líneas vocales exquisitas, prescindiendo absolutamente de batería, primando de una forma nunca antes vista el sintetizador (una clásica y deliciosa onda de sierra) y usando efectos vocales con aire electrónico (un sonido muy Casablancas) es algo nuevo en The Strokes… Y se aplaude, ¡con ganas!

El disco prosigue y comienza a sonar “Why Are Sunday So Depressing”. A ratos me recuerda los primeros trabajos de la banda, pero claramente tiene un sonido nuevo. La atmósfera en la que trabaja la guitarra es completada de manera magistral por un sintetizador con un toque agresivo que, combinado, me inserta en un trance.

La progresión retro de la siguiente canción del disco, “Not The Same Anymore”, en la que prima la guitarra estilo Room On Fire, esconde de manera sutil un sintetizador que actúa a modo de cama, sosteniendo la atmósfera.

Finalizamos la reproducción con lo que, a mi gusto, es la joya del disco. Comenzando con unos sintetizadores brutales y ochenteros al más puro estilo Stranger Things, que se van viendo continuamente opacados –hasta desaparecer- por el arpegio de la guitarra, resultan en una introducción con una extraña mezcla disonante. De pronto, con una suerte de órgano sosteniendo una guitarra levemente distorsionada, se da inicio oficial a “Ode To The Mets”. La voz de Julian Casablancas comienza grave, baja, tranquila, pero se va armando de fuerza poco a poco. Jamás se había lucido tanto su voz, a mi gusto, como en el clímax de esta canción. Termina Ode To The Mets y yo, extasiado, reproduzco el disco de nuevo.

Una Reivindicación Retroactiva

Como decía más arriba, es difícil realizar una mera descripción de The New Abnormal, sobre todo por lo que significan The Strokes, a nivel personal, y de seguro que no soy la única persona a la que le pasa. Me han acompañado en viajes al colegio, a la universidad, al trabajo. Los he compartido en carretes y los he escuchado solo en mi pieza. Han sonado de ambiente en cumpleaños familiares y han sido sustituido a Wisin y Yandel en el soundtrack de noches de sexo. Todos quienes hemos vivido buena parte de nuestra vida con The Strokes sonando en los audífonos o en los parlantes, probablemente, sentimos lo mismo cuando The Strokes iba a lanzar The New Abnormal: ansiedad.

La ansiedad es porque la sensación es, tal y como se relataba más arriba, que cada vez que lanzaban un álbum era menos bueno que el anterior. Y es que los amantes del Is This It siempre esperamos corear nuevos Last Nite, saltar con otra The Modern Age, caminar por la calle al son de una nueva Hard To Explain. La verdad es que, para mí, este álbum es una reivindicación, pero no de The Strokes, ¡yo me reivindico!

Al terminar de escuchar The New Abnormal, y analizar lo que sentía y pensaba en el proceso, me di cuenta de que estaba atado para experimentarlo al máximo, porque seguía esperando un nuevo Is This It. En efecto, The New Abnormal tiene varios toques que se acercan al primer trabajo de la banda, pero la frescura y el éxtasis lo produjo lo que no proviene de ahí, ¡lo nuevo!

Creo que pasé años regañando mentalmente a The Strokes por no hacer un nuevo Is This It, y con The New Abnormal entendí que ese no es su objetivo… ¡Dejemos ir a The Strokes de los 2000! Han pasado casi 20 años desde el lanzamiento del primer disco, y la banda ha sacado música realmente buena, solo que yo no fui capaz de verla en su momento, enceguecido por mi deseo de saciar la sed de nostalgia. La influencia ochentera, ciertos retoques electrónicos, los nuevos efectos, la influencia de las incursiones musicales de Casablancas (con Daft Punk por ejemplo, o The Voidz) han llegado a enriquecer el sonido de la banda.

Parece haber dos etapas de The Strokes. La primera es la del garage revival puro, que engloba el Is This It, el Room On Fire y el First Impressions of Earth, y uno la suele considerar como la época dorada de la banda. La segunda etapa está constituida por el Angles, el Comedown Machine y The New Abnormal (más su EP Present, Future, Past), y, al menos por mi parte, no le he tomado el peso que merece. Odiamos el Comedown Machine, pero… ¡Sorpresa! El nuevo álbum repite muchas de las fórmulas que su predecesor.

Creo que el sonido y las canciones de The New Abnormal son espectaculares, el disco es una tremenda joya. El mayor valor de este, sin embargo, no radica en lo musical, sino que en la catarsis que puede significar para un seguidor relativamente longevo de la banda neoyorquina. The New Abnormal me hizo darme cuenta de que he tenido enfrente, por años, un sonido espectacular, fresco y único de una banda que me encanta, y que no lo sabía por estar estancado esperando una repetición de las glorias pasadas. The Strokes evolucionó y, recién en el año 2020, logré entender que yo también tengo que hacerlo.

Solo un dato, para terminar. Una vez que escuché el disco –por segunda vez- y empecé a pensar todo esto, escuché de nuevo el Comedown Machine… Se los recomiendo.

Por Ricardo Andrade

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