Reseña: La nostálgica consciencia de Cuauhtémoc, nuevo EP de Niños del Cerro

Reseña: La nostálgica consciencia de Cuauhtémoc, nuevo EP de Niños del Cerro

Niños del Cerro nos presentaron hace menos de 10 días un nuevo álbum redondito, Cuauhtemoc, donde emociones, sensaciones, musicalidad, historia y filosofía son el eje que entrega cuerpo a este trabajo de la joven banda nacional.

Un EP para los fanáticos, y para aquellos que recién comienzan a deslumbrarse con las guitarras y la lírica de los chilenos Niños del Cerro. Desde hoy, “Cuauhtémoc” está disponible en todas las plataformas digitales; un trabajo que sabe de los viejos talentos de la agrupación que no teme reforzar lo que disfruta.

La producción comienza con la canción del mismo título, “Cuauhtémoc”, inspiración en la cultura Mexa como a su vez también hace referencia a la cultura Latinoamericana en sí, esto es notable en las primeras líneas donde declaran “Hijo mío, hoy te escribo mal herido desnutrido, me quemaron pies y manos y no entiendo si sirvió de algo o no, que pasó te rompió el corazón?, que pasó te dolió mi dolor?, qué cambio si perdimos igual, ven que nos volvemos por Cuauhtémoc”. En tal pregón que se busca decir?, pues creemos que se hace mención directa de las vejaciones que ha vivido y sobrevivido la gente Latinoamericana, donde maltratados por una invasión ajena se quemaron “pies y manos”, quizá con dicha metáfora hace referencia a que se mató la cultura nativa y lo que ella hacía, por eso las manos quemadas, así mismo se truncó por completo el destino y futuro de nuestros ancestros, ya que los pies quemados simbolizarían el camino que no se pudo desarrollar gracias a la intervención europea.

Finalmente esta frase cierra con tres preguntas, la primera se conecta con las emociones “¿qué pasó te rompió el corazón?”, es decir, viendo lo que está pasando como te sientes? ¿qué sientes? Dando así una invitación al autodescubrimiento a partir de la experiencia recién vivida o de las ya acontecidas, la segunda dice ¿qué pasó, te dolió mi dolor?, levantando la posibilidad de una respuesta empática, casi como apelando a todos los países de Latinoamérica y como si entre ellos se preguntaran, te dolió lo que a mi igual? o tal vez afirmando que han pasado por lo mismo y por ello se debería comprender entre ellos de mejor manera, y en tercer lugar ¿qué cambió si perdimos igual?, con ello nos lleva a una reflexión filosófica del qué hacemos ahora?,  ¿qué propósito hay ahora que todo se perdió?, a pesar del esfuerzo, de las ganas, de intentarlo, soportar e incluso luchar, “si perdimos igual”. Concluye por completo diciendo “nos volvemos por Cuauhtémoc, con lo que asumen declarativamente que en realidad todos pasamos por esto y entregando un mensaje de unión, empatía y humanidad.

A lo largo de la canción se planean diversos tópicos literarios relacionados a la experiencia del dolor, las malas experiencias y errores de la vida, que a decir verdad es por la cuál todas las personas estamos realmente unidas, ya que los bajos en la vida están garantizados tal como la muerte. Musicalmente esta canción tiene momentos muy marcados, tiene una línea melódica que se hace presente en todos los momentos, tanto en los versos como en el coro, donde guitarra hace las mismas notas que la voz, marcando el motivo melódico. La sensación de la canción de inicio a fin es bastante nostálgica, pero con una leve tendencia a la alegría, algo así como una tarde de día domingo que estás pasándola muy bien, pero de a poco el día comienza a acabar y sabes que se acerca el lunes, sin embargo agradeces el haber tenido este día tan especial.

El EP continúa con Durmiendo en el Parque la cuál es mucho más “movida”, comenzando con la voz y guitarra, de a poco se incorporan el bajo y batería, el teclado se incorpora un poco más adelante. La sensación primera que transmite esta canción es algo similar a una tarde de primavera, donde recorres un parque y sientes la libertad de estar un día al aire libre, es tal la atmósfera que entrega que llega a ser muy simple llegar a idear esa escena al escuchar la música y cerrar tus ojos. Una melodía muy pegadiza recorre a lo largo de la canción, la cuál se traduce en la columna vertebral de la pieza musical, sin saturar realmente, ya que hay momentos que dicha línea melódica es llevada por la guitarra y otras veces por el teclado. La letra de esta canción nos lleva a la perspectiva de un personaje que quiere quedarse durmiendo en el parque, para poder estar tranquilo, ver un paisaje libre de intervenciones donde poder llorar tranquilamente dado a todas sus perversiones y señala a su “acompañante” lo diferentes que son sus “ritmos”, lo que en cierto modo es probable que hable de la vida de un joven cualquiera en esta sociedad donde la salud mental está muy poco promovida, desembocando así en gente llena de problemas emocionales e interpersonales, los cuáles quizá pudieran hacerse más visibles si se llevara otra forma de vida más ligada al desarrollo interpersonal, disfrutar de la naturaleza y conectarse sanamente con los demás.

El Sol en los Ojos es la tercera canción, inicia con la voz, teclado y unos leves acentos de lo que pareciera ser el golpe suave a un hit hat, se mantiene en una melodía constante a lo largo del minuto y cincuenta y siete segundos que dura la canción por completo, la que a su vez es un poema musicalizado, puesto a que un tercio de la canción tiene letra, el segundo tercio es un interludio musical y el resto es música más la melodía cantada a dos voces, que finaliza con el sonido del teclado. El mensaje narrado en esta breve letra habla del aquellas veces en que se tiene una verdad en frente, pero por diversos motivos, no se corresponde a lo que realmente se quiere o se cree, especialmente en aquellas situaciones amorosas donde ya no existe vuelta atrás, pero uno sabe a nivel consciente de que eso no es algo que sucederá, más tus ojos mirando desafiantemente al sol jamás podrán verlo como tal, pues su verdad más radiante te dice que no hay manera de que eso pueda sucedes y por más que “quisiera poder intentarlo otra vez, esta vez sin perder”, lo sucedido ya está consumado y no hay vuelta atrás.

Abriendo paso así a la última canción del EP, que lleva el nombre de Sísifo, el protagonista de un mito griego, quien castigado por los dioses debía subir cada día una enorme piedra hasta la cima y antes de llegar volvía a caer, teniendo que repetir el esfuerzo constantemente. La guitarra en solitario comienza dando unos acordes que luego se acompañan por el bajo, seguidos de la segunda guitarra que complementa entre los acordes de la guitarra y el bajo, cuando ya se genera una conversación equilibrada entre el sonido ya mencionado entra en escena la voz para dar paso a la letra de la canción, cuál llena de metáforas relacionadas a momentos tristes, solitarios o de reflexión. Lo último nos lleva a pensar que la canción hace alusión a la vida misma como el mito de Sísifo, donde cada persona debe cargar con sus culpas, problemas y dificultades diariamente y aunque en algún momento logre salir de aquellas siempre vendrán nuevas problemáticas por asumir, en ese sentido todos estamos constantemente luchando día a día por seguir vivos y no hay más que asumir que la vida es este ciclo eterno de posibilidades y que aunque quisiéramos, esto nunca dejará de ser así.

Así es como los Niños del Cerro nos entregan un disco melancólico y directo, musicalmente transitando entre un sonido indie que nos lleva a momentos a paisajes coloreados similarmente a lo que hace El Mato aun Policía Motorizado, principalmente esos bajos marcados y sonoridades nostálgicas, en los momentos más brillantes o rápidos suelen recordar a Mac Demarco y al momento de tener parte más sutiles nos recuerda a la psicodelia de Crumb. En ningún momento pretenden camuflar el sentido doloroso de la vida y lo difícil que es vivir, y que a la vez nunca hay que dejar de hacerlo, que cada esfuerzo vale la pena en tanto tu sabes lo que has invertido para poder salir adelante, no obstante, hay un momento del día donde podemos ser felices y es en aquel donde reflexionamos y vemos conscientemente todo lo que estamos viviendo y ese respiro en sí es la música, el bálsamo que alivia la carga, que cura las heridas y que es la catarsis más importante para el alma.

Por Diego Andrades Monsalves. 

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